Sentada en el escritorio, el mismo y aburrido escritorio de madera de segunda mano, con los brazos cruzados sobre él, resignada a la rutina torturante de cada noche somnolienta. Esperando una fantasía que me consuma y rescate de esta habitación gris, cuadrada y sin esplendor que se agota momento a momento, sumida bajo la oscuridad de la realidad... vacilando entre el teclado y la mano oprimiendo el mouse sobre las mismas páginas de siempre, vagando por internet te descubro; Monarca de la sensualidad, de las melodías descomunales cuales poseen una fragilidad potente y sin igual, genio del saxofón y esta música que hipnotiza mi razón.
Con la mirada de la mente observo tus dedos mágicos utilizando tal artefacto, maquinilla creadora de tonalidades penetrantes. La siento recorriendo cada región de mi figura, accediendo lentamente rozando mi esencia, exhalas arte por borbotones mientras seduces las ideas que fluyen rodeándome, aprisionando, acosando mis oídos, das vuelta mi cabeza y solo veo seda, calidez y vapor exuberante, curvas y tentación constante.
Acaricio mis labios imaginando tu entidad atravesando la penumbra, abordando mi espíritu tan delicado y detallista, saboreo tu talento, devoro como la fiera que me gobierna, tus notas, tus silencios, la armonía que me ataca y conquista. En medio del instrumento y el genio, mi boca se posa abrazando el fulgor, iluminada por tu calor, se apodera de mi ser este beso peculiar recorriendo tu interior ardiente... concretemos tal acto carnal, más que ello, astral, secando nuestra mutua incitación.
Provócame eternamente demonio del jazz, malévolo creador de belleza culposa, mancha mi inocencia, húrtala junto a mi juicio, súmeme en un sueño erótico de jamás acabar...
¡Embelesa mis sentidos, músico seductor, melenudo del pecado, ángel con cuernos de diablo!
