Torcidos
los dedos que jalan mis cabellos bajo la depresión constante,
imágenes
fugaces bombardean mi espacio, mi identidad, perdida no hallo salida hacia mi
sosiego, el bullicio de tu recuerdo, el impacto que causaste, calmarme ya es
solo un sueño, ya veo, cuando me balanceaba por tu cabello, me hundía en tu
regazo, reclamando tus labios, gritando ese corazón al mío, ese, el tuyo que
encendía con el fuego más ardiente mi alma solitaria, ahora desgarrada, alguna
vez parte de ti, ya sin parte de nadie, escapando por los rumbos más oscuros,
consciente, colmándome con la amargura, negociando un tormento, en busca del
olvido de torturas, las torturas desencadenadas por tu improvisada partida,
odio siento, odio expelo, odio te tengo, no concibo cuanto me alegraste, me
emocionaste, me rodeaste de fantasías, muertas y enterradas, te ame, te
detesto, te desee, ya no te quiero, aquello que ronda por mi mente, mas no por
mi interior.
Se
mi enemigo, que me apuñala tu amor, no volverás, quiero acabar.
Rosas
eternas que marchitan en tu ausencia, oscuras, negras cuales cenizas
sobrevuelan tu memoria entre la brisa helada y vacía cual conforma mi realidad
agrietada, cristales rotos, destrozados, pisados, lanzados al vació.
Yo
un muñeco, viejo y desecho, añejo bajo el polvo, sin dueño, huérfano añorando
tu voz, tus gritos, lloriqueos, mimos, risas, dudas y rezos.
Culpa
mía, tu cuerpo poseo, inmóvil, sin vida, eterno te tengo, a mi lado, juntos
danzaremos, estas y no estás, aquí y allá, desapareció tu ángel, mas no tu
bulto, mortal mi amor, muerto y perfecto.
Te
manejo donde yo quiero.
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