Observándote,
fija a tu mirada, perdiéndome, la locura me consume...
Cuales
cabellos como yerba fresca de atardeceres oscilan sobre tu rostro,
Se
enredan ansiosos entre mis dedos juguetones en el momento que mis ojos
Vuelan
con los tuyos entre cielos y nubes sensacionales, juegan a amarse cuales
conexiones cósmicas los unen por eternidades de segundos.
Tu boca,
acechante, segura, cazadora me tienta a lo indebido, al peligro, a dudar de la
quietud. Esas figuras precisas, líneas y formas abundantes, balanceadas que
conforman tus apetecibles labios codiciosos por complementarse con los míos,
seducirlos, enamorarlos y fastidiarlos hasta el amanecer, agotando su
paciencia. Cuando llegan al enlace de esta historia de amor, se topan con mi
lengua, atrevida, intrépida, aventurera y sin preocupaciones, fogosos por
cuanto experimentan sensaciones únicas que solo ellos saben... amantes eternos.
Pieles y
poros, sudor y éxtasis, inundados dentro de calor pasional, uniendo dos cuerpos,
dos almas juveniles que se profanan, se revuelven, ya son una, aquí en el
espacio, sabanas y suavidad.
Tu
cintura envuelta por mis piernas, abrazándote
celosas, precavidas, mis manos sobre tu espalda recorriendo, explorando,
probando más de ti, mis uñas impregnadas en tu carne, fieras arañan, se
deslizan, apaciguan mi euforia descontrolada desencadenada tras nuestros actos
libidinosos, tu pecho contra el mío, percibiendo los poderosos latidos del otro
que resuenan en nuestro interior, cuales rozan con pinceladas la perfección que
convoca esta noche, un amor infinito, sin fronteras, de una noche sin acabar.
Fundente
en mi pellejo, atraviesa mi corazón, encanta mi espíritu, embelesa mi esencia,
hazme tuya hasta el paraíso o el infierno.
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